Origen de las
células eucariotas.
Hace unos 3700 millones de años surgieron sobre la
faz de la Tierra los primeros seres vivos. Eran microorganismos pequeños,
unicelulares, no muy diferentes de las bacterias actuales. A las células de
este tipo se las denominan procariotas,
porque carecen de nucleo (karyon en griego), un compartimento
especializado donde se aloja el sistema genético.
Del siguiente dibujo, el lector puede apreciar el
desarrollo temporal de la formación de la Tierra y la aparición de las células
procariotas y eucariotas,

Los procariotas alcanzaron pleno éxito en su
desarrollo y multiplicación. Gracias a su notable capacidad de evolución y
adaptación, dieron origen a una amplia diversidad de especies .
La biosfera estaría llena de procariotas si no
se hubiera dado un avance extraordinario del que surgió una célula
perteneciente a un tipo muy distinto: eucariota, que posee un núcleo genuino.
(el prefijo eu, de origen griego, significa
"bueno") .
Las consecuencias de este acontecimiento marcaron
el inicio de una nueva época. En nuestros días todos los organismos
pluricelulares están constituidos por células eucariotas, que tienen una
complejidad mucho mayor que las procariotas. Si no hubieran aparecido las
células eucariotas, no existiría ahora la extraordinaria variedad, tan rica
en gamas, de la vida animal y vegetal en nuestro planeta.
Las células eucariotas surgieron de antepasados
procariotas. Pero, de que manera? Es un asunto difícil de analizar. No han
sobrevivido representantes de las etapas intermedias, ni nos han dejado fósiles
que proporcionen alguna pista directa. Solo podemos estudiar la celula
eucariota actual, que es diferente de cualquier célula procariota. Sin embargo,
el problema ha dejado de ser insoluble. Con las herramientas
de la moderna biología, los investigadores han descubierto
parentescos reveladores entre bastantes
rasgos eucariotas y procariotas, que
arrojan luz sobre el proceso a través
del cual los eucariotas
pudieron originarse a partir de células
procariotas.
Para
poder apreciar esa asombrosa
trayectoria de la evolución necesitamos conocer, siquiera en sus grandes
líneas, las diferencias fundamentales
entre ambos tipos de células.
Las
eucariotas tienen un tamaño mucho a mayor que las células procariotas en
términos de volumen unas 10.000 veces; asimismo, el deposito de su in
formación genética a esta mucho mas organizado en las primeras.
Celulas procariotas y las eucariotas.
En el siguiente dibujo se aprecia la diferencia
en las células procariotas y las eucariotas,

En las células procariotas todo el archivo
genético se halla constituido por un solo cromosoma, formado por una ristra de
ADN circular que esta en contacto directo con el resto de la célula. En las
células eucariotas la mayor parte del ADN se almacena, de un modo mucho más
estructurado, en los cromosomas. Estos se agrupan a su vez dentro de un
recinto central bien definido, denominado núcleo. La región que rodea el
núcleo, se llama
citoplasma y esta segmentada por una serie de
membranas que dan lugar a una elaborada red de compartimentos que cumplen
funciones muy dispares. Los elementos esqueléticos del interior citoplasmático
aportan a las células eucariotas el sostén estructural interno. Con la ayuda
de diminutos motores moleculares, tales elementos capacitan a las células
para que los compartimentos intercambien entre si su contenido y los propulsen
en sus movimientos de un sitio a otro.
El siguiente dibujo nos muestra la diferencia
entre las células procariotas y eucariotas en cuanto a sus dimensiones y
complejidad,
Además, la mayoría de las células eucariotas se
distinguen de las procariotas
por la existencia, en
su citoplasma, de varios millares de estructuras organizadas, los orgánulos, de
cuyo tamaño viene a ser el de una
célula procariota.
Entre los orgánulos,
destacan los peroxisomas ,que realizan diversas funciones metabólicas, las
mitocondrias, centrales energéticas de
las células y en las algas y células
vegetales, los plastos, donde acontece la fotosíntesis. Con semejante variedad de orgánulos e
intrincadas estructuras internas, hasta
los eucariotas unicelulares, pensemos
en levaduras o amebas, resultan organismos dotados de
extraordinaria complejidad.
La organización de las
células procariotas es mucho más rudimentaria.
Y, sin embargo, procariotas y eucariotas están,
sin ningún genero de dudas, emparentados. Eso se hace patente en cuanto nos fijamos
en sus de múltiples semejanzas genéticas.
Se
ha podido establecer la época
aproximada en que la rama eucariota se desprendió del tronco procariota.
Dicha a
divergencia comenzó en un pasado remoto, distante probablemente mas de 3000
millones de años.
Los
acontecimientos posteriores en el desarrollo de los eucariotas, que pudieron
suceder en el transcurso de mas de mil millones de años, estarían aun
envueltos en el misterio si no hubiera sido por una pista iluminadora, surgida
del análisis de numerosos orgánulos alojados en el citoplasma.
Desde hacia mas de un siglo, venían los biólogos
sospechando que las mitocondrias y los plastos descendían de bacterias
adoptadas por alguna célula hospedadora como endosimbiontes (etimológicamente,
"vivir juntos en el interior"). Pero la idea no empezó a gozar del
favor de los expertos hasta que la recupero Lynn Margulis en 1967,
quien trabajaba en la Universidad de Boston; desde entonces Margulis la ha
defendido con ardor, al principio no sin fuerte oposición.
Lynn Margulis
Pruebas del origen bacteriano de mitocondrias y
plastos.
Las pruebas del origen bacteriano de mitocondrias
y plastos son hoy convincentes.
El dato mas esclarecedor es la presencia en estos
orgánulos de un sistema genético vestigial, aunque funcional. Ese sistema
abarca genes vinculados al ADN, los medios necesarios para replicar el ADN y
las herramientas moleculares requeridas para la construcción de proteinas a
partir de los planos escondidos en el ADN. Unas cuantas propiedades
caracterizan este aparato genético como similar al de los procariotas y los
distinguen, además, del principal sistema genético eucariota.
A menudo, se presenta la adopción endosimbiotica
cual si se tratara del resultado de algún tipo de encuentro , como acto
agresivo, invasión pacifica o asociación o fusión mutuamente beneficiosa entre
dos procariotas típicos. Pero esa suerte de descripciones induce a confusión:
las bacterias modernas no muestran ese comportamiento. Mas aun, la mera unión
de simples procariotas dejaría sin justificar otras peculiaridades de las
células eucariotas. Hay una explicación mucho más directa, que la propia
naturaleza sugiere. De acuerdo con ella, los endosimbiontes fueron engullidos
para alimentación de una célula de dimensiones mucho mayores, que había
adquirido ya muchas de las propiedades que hoy definen a las células
eucariotas.
Muchas células eucariotas actuales los
leucocitos, por ejemplo engullen procariotas. Por regla general, los
microorganismos atrapados mueren y se someten a degradación. A veces escapan a
la destrucción, continúan dañando a los captores y llegan incluso a causarles
la muerte. En alguna rara ocasión, captor y victima sobreviven en un estado de
mutua tolerancia, que puede tornarse después en asistencia reciproca y, por
ultimo, incluso en dependencia. Mitocondrias y plastos podrían así haber sido
huéspedes permanentes de una célula que los albergo.
Si este supuesto es cierto, revela bastantes
cosas acerca de los primeros pasos en la evolución del hospedador. La adopción
de endosimbiontes hubo de ser la consecuencia de una etapa previa, en la que un
antepasado procariota de los eucariotas evoluciono hasta desarrollarse un
fagocito primitivo (termino griego que significa "célula que come"),
una célula capaz de engullir cuerpos del volumen de las bacterias. Y si esta
célula primitiva guardaba alguna semejanza con los fagocitos que hoy conocemos,
tuvo que haber sido de un tamaño mayor que el de su presa y estar rodeada por
una membrana flexible, capaz de ceñir objetos extracelulares voluminosos. Estos
primeros fagocitos debieron de contar, además, con una red interna de
compartimentos conectados con la membrana externa y estar preparados para
degradar los materiales ingeridos. También habrían dispuesto de una suerte de
esqueleto interno que les sirviera de sostén estructural, y portarían probablemente
una maquinaria molecular capaz de deformar la membrana externa y mover de un
sitio a otro el contenido interno.
El desarrollo de ese tipo de estructuras
celulares representa la esencia de la transición de procariotas a eucariotas.
El problema mayor estribaría en el diseño de una explicación plausible de la construcción progresiva de
estos rasgos que fuera congruente con la operación de la selección natural.
Cada cambio pequeño introducido en la célula tiene que haber incrementado su
posibilidad para sobrevivir y reproducirse,con una ventaja selectiva, de suerte
que la innovación se extendiera con rapidez por el conjunto de la población.
El siguiente dibujo nos muestra la evolución de
las células eucariotas, describe una serie de cambios temporales,
La adopción de procariotas como huéspedes permanentes
del interior de fagocitos, mayores en talla, señalo la fase final de la evolucion
de las células eucariotas. Los precursores de los peroxisomas , pudieron ser
los primeros procariotas que acabaron convirtiéndose en orgánulos eucariotas. Detoxificaban
compuestos destructores originados por los niveles crecientes de oxigeno en la
atmosfera. Los precursores de mitocondrias , mostraban una mayor eficacia en la
labor protectora de las células hospedadoras frente al oxigeno; dotaron a estas
de una ulterior capacidad, la de generar trifosfato de adenosina (ATP) una molécula
rica en energía. El desarrollo de peroxisomas y mitocondrias permitió la adopción
de precursores de plastos, como los cloroplastos
, centros productores de oxigeno de la fotosíntesis. En esta etapa final las células
hospedoras recibieron, pues, los
medios para la síntesis de materiales utilizando la energía de la luz solar.
Impulso hacia la evolución de
la eucariota.
Que fuerzas habrán impulsado la evolución de un
procariota primitivo hacia una moderna célula eucariota? Antes de responder a
la cuestión es forzoso hacer algunas consideraciones y aceptar ciertos
supuestos.
En primer lugar, que la célula ancestral se
alimentaba de los desechos excretados por otros organismos; era lo que los
biólogos denominan heterótrofo. Vivía, pues, en un medio donde encontraba el
alimento. Quizá residiera, y esa es una posibilidad interesante, en colonias
mixtas de procariotas del estilo de las que han fosilizado en capas rocosas de
estromatolitos, como los presentados en la siguiente foto,

Todavía hoy perviven colonias de estromatolitos,
formadas por capas de heterótrofos cubiertas por organismos fotosintéticos que
se multiplican con la ayuda de la luz solar y suministran alimentos a las capas
subyacentes. El registro fósil nos
revela que ese tipo de colonias existía
ya hace mas de 3500 millones de años.
De acuerdo con una segunda hipótesis, corolario
de la primera, el organismo ancestral
tenia que digerir su alimento. Debemos suponer que ello sucedió, a la manera de lo que observamos en la mayoría de los modernos procariotas
heterótrofos, por medio de enzimas
segregadas que descomponen el alimento
fuera de la célula. Es decir, la
digestión enzimática acontecía antes que la ingestión.
Por ultimo, se parte
del supuesto según el cual el organismo habría
perdido la capacidad de elaborar una pared celular, la cubierta rígida
que rodea la mayoría de los procariotas y que les proporciona el sostén y protección
estructural necesarios frente a las agresiones externas. Pese a su fragilidad,
existen todavía, incluso en ambientes hostiles, formas desnudas de este tipo
que poseen vida independiente. En el caso que estamos considerando, la colonia
de estromatolitos ofrecería al organismo primitivo un refugio excelente.
Aceptadas estas tres premisas, podemos imaginarnos el
organismo ancestral coma una burbuja flexible, aplastada, dotada de poderosa
capacidad para cambiar de forma y en contacto directo con el alimento. Una célula de
este tipo vería allanado el camino para crecer y multiplicarse mejor que sus
parientes encerrados entre paredes. Para crecer, no necesitaría, sin embargo,
responder con un reflejo automático de división, como sucede con la mayoría de
las células. Cabria un comportamiento alternativo, en el que resultaran fáciles
la expansión y el plegamiento de la membrana envolvente, incrementando así la
superficie disponible para la captación de nutrientes y la excreción de los
materiales de desecho, factores ambos limitantes del crecimiento de cualquier
célula. La capacidad para crear una superficie con pliegues profundos
permitiría al organismo expandirse hasta alcanzar tamaños mucho mayores que los
de los procariotas habituales.
Los
procariotas gigantes de nuestros días poseen una membrana externa con profundos
surcos y hendiduras, un probable requisito previo para el enorme diámetro que
llegan a alcanzar.
Recibe
así cómoda explicación el enorme tamaño que ha llegado a adquirir las célula
eucariota.
Entra dentro
de lo verosimil que la selección natural primara el aumento de tamaño en vez de
la división por la sencilla razón de
que los pliegues profundos incrementarían las posibilidades de la célula a la
hora de obtener el alimento, crearía áreas parcialmente confinadas, islotes
estrechos a lo largo de las accidentadas costas celulares en cuyo interior
habría elevadas concentraciones de enzimas digestivas que degradarían de un modo más eficiente el alimento.
Ahí,
precisamente, pudo producirse un avance decisivo, dada la propensión de las
membranas biológicas para el auto sellado tal y como ocurre con las pompas de
jabón, no hace falta mucha
imaginación para ver como los pliegues podrían desprenderse y formar sacos
intracelulares. Una vez iniciado este proceso, como un efecto colateral mas e o
menos aleatorio de la expansión de la membrana, cualquier cambio genético que
promoviera su ulterior desarrollo gozaría del favor de la selección natural.
Los islotes quedarían convertidos ahora en lagunas interiores, dentro de las
cuales el alimento estaría atrapado junto con las enzimas que lo digerirían.
De extracelular, la digestión habría pasado a
constituir un proceso intracelulaL
Capaces
ya de atrapar y procesar así el alimento, las células habrían dado un paso
gigantesco hacia la explotación de que el entorno les ofrece; no menor habría
sido el empuje consiguiente en su potencial de supervivencia y reproducción
Estas células habrían adquirido los rasgos fundamentales de la fagocitosis, la
captación de objetos extracelulares mediante el cierre de pliegues de la
membrana, denominado endocitosis, seguido de la degradación de los materiales
engullidos dentro de las bolsas digestivas intracelulares llamados lisosomas.
Todo lo que vino después pueden considerarse
retoques evolutivos, importantes y útiles, aunque no esenciales. Los sacos
intracelulares primitivos dieron lugar de manera gradual a muchas subsecciones
especializadas, formando lo que se conoce como el sistema de citomembranas,
característico de cualquier célula eucariota actual. Modelo que recibe sólido
respaldo de la observación a tenor de la cual muchos sistemas presentes en la
membrana celular de los procariotas se encuentran en diversas partes del
sistema de citomembranas de los eucariotas.
Reviste
el mayor interés fijarse en que la génesis del núcleo, el elemento estructural
más característico de las células eucariotas, puede explicarse, al menos de
manera esquemática, como el resultado de la internalizacion de una zona de la
membrana externa de la célula. En los procariotas el cromosoma de ADN circular
esta unido a la membrana. El plegamiento interno de este fragmento de la
membrana celular podría dar origen a un saco intracelular que llevase prendido
en su superficie el cromosoma. Esa estructura podría haber constituido el
germen del núcleo eucariota, que esta rodeado por una membrana doble formada
por partes aplanadas del sistema intracelular de membranas que se funde para
dar una envoltura esférica.
Este
guión explica la evolución plausible de un pequeño procariota hacia una célula
gigante que reuniera algunas de las notas principales de las células
eucariotas, a saber, núcleo con envoltura propia, vasta red de membranas
internas y capacidad de atrapar alimento y digerirlo internamente. Semejante progreso
podría haberse desarrollado a través de
un numero altísimo de etapas, casi imperceptibles, cada una de las cuales
habría potenciado la autonomía de la célula y le habría conferido una ventaja
selectiva.
Pero había una exigencia. Una vez perdido el
apoyo de la rígida membrana externa, la célula precisaría un cierto andamiaje
que le permitiera asegurar el incremento de tamaño.
Las células eucariotas actuales están reforzadas
por estructuras fibrosas y tubulares, asociadas a menudo con diminutos motores, que posibilitan el
trafico de materiales por el interior celular. No hay en los procariotas los
equivalentes de muchas de estas proteínas que constituyen dichos sistemas. Por
consiguiente, tuvo que darse un numero
elevado de autenticas innovaciones para
que se y forjara el sistema citoesqueletico.
Nada se
sabe acerca de estos acontecimientos fundamentales del curso de la evolucion, excepto que muy probablemente
estuvieron asociados con el aumento del tamaño celular y la expansión de las
membranas, procesos estos que irán gradualmente apareciendo.
Al final
de tan largo camino se encontraria el fagocito primitivo, una célula dotada una organizacion efieciente
para alimentarse de bacterias, un poderoso cazador que habría dejado de estar
condenado a residir entre depósitos de alimento y ahora podría moverse con
entera libertad a por el mundo persiguiendo activa mente su presa, una célula
dispuesta, cuando llegara el momento, a convertirse en el hospedador de los
endosimbiontes.
Las mitocondrias.
Cabe esperar que estas células, que aun carecían
de mitocondrias y otros orgánulos clave característicos de las actuales células
eucariotas, hubieran invadido muchos nichos llenándolos con una progenie con
una diversidad de adaptaciones. Pero hemos de añadir en seguida que muy pocos
de estos descendientes, por no decir ninguno, han conseguido sobrevivir hasta
nuestros días. Existen algunos eucariotas unicelulares que carecen
de
mitocondrias, pero no puede excluirse la posibilidad de que sus antepasados hubieran
poseído mitocondrias que luego perdieran. En definitiva, pues, todos los
eucariotas podrían muy bien haber evolucionado a partir de fagocitos primitivos
que hubieran incorporado los precursores de las mitocondrias.
No se ha resuelto la polémica sobre si se
produjeron, en el curso de la evolución, una o múltiples adopciones. La opinión
mayoritaria defiende que las
mitocondrias surgieron de un tronco común. Se acepta que la adopción de las
mitocondrias salvo una línea de células eucariotas del peligro de extinción o
confirió tal ventaja selectiva; su predominio provoco la extinción casi
universal de las que no las habían adquirido.
Por que esa importancia tan aplastante de las
mitocondrias?
En las células actuales, las mitocondrias cumplen
una función principal, llevar a cabo,
gracias al oxigeno, la combustión de los metabolitos procedentes de los
nutrientes para sintetizar trifosfato de adenosina (ATP), un compuesto rico en
energía. La vida depende en buena medida de este proceso que es el suministrador
fundamental de energía para la mayoría de los organismos aerobios, es decir.
dependientes del oxigeno. Sin embargo. cuando las primeras células hicieron su
aparición sobre la Tierra no había ni rastro de oxigeno en la atmósfera. El
oxigeno molecular libre es un producto de la vida; comenzó a generarse cuando
las cianobacterias, microorganismos fotosintéticos, aparecieron sobre la
Tierra. Estas células recurren a la energía de la luz solar para extraer de las
moléculas de agua el hidrogeno que necesitan en la construcción de su propio
organismo, dejando libre como subproducto el oxigeno molecular. El oxigeno
comenzó a penetrar en la atmósfera en cantidades apreciables hace unos 2000
millones de años, cuantía que se elevo progresivamente hasta alcanzar un
nivel estable hace 1500 millones de años.
Antes de la aparición del oxigeno. atmosférico.,
todas las formas de vida tuvieron que adaptarse a un entorno. anaerobio.,
carente de oxigeno. Observando lo que ocurre con los anaeróbios estrictos de nuestros
días, serian, cabe presumirlo, sumamente sensibles al oxigeno. En el interior
de las células, el oxigeno. genera grupos
funcionales químicos que son tóxicos. Entre estos venenos celulares se
encuentran el ion súper oxido., el radical hidroxilo y el peroxido de
hidrogeno. Cuando. hace dos mil millones de años se elevo la concentracion de
oxigeno., probablemente muchos de los organismos primitivos cayeron victimas
del "holocausto del oxigeno". Habia entre los supervivientes células
que hallaron refugio
en lugares
a los que no llegara el oxigeno o
que habian desarrollado un sistema de protección frente a la
toxicidad del oxigeno.
Estos hechos apuntan
hacia una hipótesis bastante sugestiva.
El precursor fagocítico de los eucariotas,
posiblemente anaerobio, fue rescatado de la crisis del oxigeno por
antepasados aerobios de las mitocondrias,
células que no solo destruían el oxigeno toxico (convirtiéndolo en
agua inocua), sino que incluso lo
convertían en un aliado extraordinariamente útil. Esta hipótesis, que ha gozado
de gran predicamento, explicaría de una
manera muy elegante el efecto salvador
de la adopción de las mitocondrias.
Pero el guión entraña
una dificultad grave. La adaptación al oxigeno
tuvo lugar muy probablemente de una
manera gradual, comenzando con sistemas primitivos de detoxificacion
del oxigeno. Hubo de transcurrir un
largo le periodo antes de alcanzarse las finas
complejidades de las mitocondrias actuales. Como consiguieron sobrevivir
los fangositos anaerobios todo el tiempo
que paso antes de que surgieran los antepasados de las mitocondrias?
Hay una
solución de este rompecabezas que viene sugerida por la presencia, en las células eucariotas, de
otros orgánulos consumidores de
oxigeno. Presentan pareja distribución general en plantas y animales
como las mitocondrias, aunque su estructura y composición sean mucho mas primitivas. Se trata de los peroxisomas
Los peroxisomas, al igual que las mitocondrias,
llevan a cabo reacciones metabólicas oxidativas. Sin embargo, a diferencia de
las mitocondrias, no utilizan la energía extraída de estas reacciones para
sintetizar ATP, sino que la liberan en forma de calor. En el proceso,
convierten el oxigeno en peroxido de
hidrogeno, pero a continuación destruyen este compuesto peligroso con la
ayuda de una enzima llamada catalasa. Los peroxisomas contienen también una
enzima que elimina el ion súper oxido.
Están, por tanto, cabalmente cualificados para defender de la toxicidad del
oxigeno.
Este guión argumentativo apareció 1969, cuando se
creía que los peroxisomas eran
componentes especializados del sistema de citomembranas. Por se incluyo los
peroxisomas dentro del modelo general de expansión de membranas que se había
propuesto para explicar el desarrollo del fagocito primitivo. Después, los experimentos de Brian H. Poole, ya desaparecido, y de Paul B. Lazarow, de la Universidad de Rockefeller, demostraron de una manera concluyente que los peroxisomas no guardaban relación
alguna con el sistema de citomembranas.
Antes bien, adquirían sus proteínas de una manera
semejante a como lo hacen las mitocondrias y plastos . Parecía, pues, razonable
pensar que estos tres orgánulos hubieran comenzado siendo endosimbiontes. En
coherencia con ello, en 1982, se sugerio que los peroxisomas podrían provenir
de bacterias aerobias primitivas cuya adopción precedió a la de las
mitocondrias. Estos precoces detoxificadores de oxigeno podrían haber protegido
a sus células hospedadoras durante todo el tiempo que transcurrió antes de que
los antepasados de las mitocondrias alcanzaran la elevada eficiencia que
poseyeron al adoptarlas.
Hasta ahora los investigadores no han obtenido
ningún dato que apoye esta hipótesis, ni tampoco que la desapruebe.
A diferencia de mitocondrias y plastos, los
peroxisomas no contienen restos de un sistema genético independiente. Esta observación, sin embargo, es compatible
con la teoría de que los peroxisomas se hayan desarrollado a partir de un
endosimbionte. Las mitocondrias y los plastos han perdido la mayor parte de sus
genes originales que han pasado al núcleo, y los peroxisomas primitivos podrían
haber perdido todo su ADN.
Cualquiera que sea el modo de su incorporación,
los peroxisomas podrían haber permitido a los eucariotas primitivos capear la
crisis del oxigeno. Su distribución universal podría, pues, explicarse. La
enorme ganancia que significa la recuperación de la energía proporcionada por
el acoplamiento de la formación de ATP con la utilización del oxigeno
justificaría la adopción subsiguiente de las mitocondrias, orgánulos que tienen
la ventaja adicional de mantener el
oxigeno del entorno dentro de niveles inferiores a los que los peroxisomas
pueden mantener.
Por que no desaparecieron los peroxisomas tras la
llegada de las mitocondrias?
Para cuando las células eucariotas adquirieron
las mitocondrias, algunas actividades de los peroxisomas, por ejemplo, el
metabolismo de ciertos ácidos grasos, debieron haber llegado a ser tan vitales,
que la selección natural no pudo eliminar ya estos orgánulos primitivos. De ahí
que peroxisomas y mitocondrias de se encuentren juntos en la mayoría de las células eucariotas actuales.
Los otros orgánulos fundamentales de origen
endosimbiotico son los plastos, cuyos representantes principales son los cloroplastos, los orgánulos fotosintéticos verdes de las algas
unicelulares y de los vegetales pluricelulares.
Los plastos proceden de las cianobacterias,
procariotas responsables de la crisis del oxigeno. Su adopción como endosimbiontes tuvo lugar probablemente después de
la adopcion de las mitocondrias. Las
ventajas selectivas que instaron la de adopcion de endosimbiontes
fotosinteticos resultan obvias. Las células que antes habían necesitado contar
con un suministro constante de alimentos prosperaron sin otros ingredientes que
luz, aire, agua y unos pocos minerales
en disolución. En efecto, hay datos de
que las células eucariotas adquirieron
plastos al menos en tres momentos diferentes, ha dando lugar a las algas
verdes, rojas y pardas. Los miembros del
primero de estos grupos originaron mas tarde los vegetales
pluricelulares. Lo que había comenzado
en tregua incomoda se torno pronto en una esclavización de los prisioneros
endosimbioticos capturados par sus hospedadores fagocíticos. Esa sujeción se
consiguió con la transferencia paulatina de la mayoria de los genes de los endosimbiontes al núcleo de la célula hospedadora. En si misma, la
captación de genes por parte del núcleo no encierra ningún misterio.
Cuando penetran genes foráneos en el citoplasma de una célula, lo observamos en
los experimentos de bioingeniería,
pueden fácilmente aposentarse en el núcleo y realizar alli su función. Es decir, pueden replicarse
durante la división celular y servir de moldes maestros para la síntesis de
proteínas. Pero si llama
la atención que la migración de los genes desde
los endosimbiontes hacia el núcleo parezca haber creado mas problemas que
resuelto dificultades. Una vez producida dicha transferencia, las proteínas
codificadas por estos genes comenzaron a elaborarse
en el citoplasma de la célula hospedadora ,donde
se construyen los productos de todos los genes nucleares. Estas moléculas
debían trasladarse después al endosimbionte para cumplir su funcion. Pese a un
rodeo tan complicado, ese proceder no solo aguanto los embates de la evolución,
sino que también se revelo de una contundente eficacia; aquellos endosimbiontes
que se reservaron copias de genes transferidos acabaron desapareciendo.
Hoy día, las mitocondrias, plastos y peroxisomas
reciben las proteínas sintetizadas en el citoplasma circundante con la ayuda de
estructuras transportadoras complejas, que forman parte de sus membranas. Tales
estructuras reconocen, en ciertas secciones de las moléculas proteicas recién
sintetizadas, la "tarjeta de dirección" especifica para cada
orgánulo. El aparato de transporte permite entonces que las moléculas
apropiadas atraviesen la membrana con la ayuda de energía y de proteínas
especializadas (chaperonas). Estos sistemas que trasladan proteinas a los
organuelos podrían haberse desarrollado a partir de sistemas, semejantes,
destinados a la secreción de proteínas que ya existian en las membranas originales de los endosimbiontes. En su
nueva funcion, sin embargo, estos sistemas operarían desde el exterior hacia el
interior.
La adopción de endosimbiontes desempeño un papel
crucial en el nacimiento de los eucariotas. Con todo, no fue ese el
acontecimiento fundamental. Mas significativo y el que requirió asimismo un
numero mayor de innovaciones evolutivas fue el largo y misterioso proceso que
posibilito tal incorporación, la lenta
conversión, a través de mas de mil millones de años, de un antepasado a
procariota en un gran microorganismo fagocítico que poseía la mayoría de los
atributos de las células eucariotas modernas. La ciencia comienza levantar el velo que envuelve esta e
transformación capital, sin la cual buena parte del mundo de los seres vivos,
incluido el hombre, no hubiera
existido.
Referencias.
Eduardo Ghershman, 13.3.2010
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